Tuesday, November 08, 2005

Este fin de semana tocaba carrera.
Mi dueño no se prodiga mucho en ellas. Con el tiempo ha ido perdiendo la motivación para ponerse el dorsal con frecuencia. Distintas eran las carreras dónde se plantaba en la linea de salida sin preocuparse del reloj, ni de coger buen puesto en la salida, simplemente le hacía ilusión compartir su afición rodeado de más gente. Ahora las cosas han cambiado, la auto-exigencia ha subido de manera absuda y sólo le gusta ponerse en la linea de salida si sabe que va a hacer una buena carrera. Ritmos por km, parciales de carrera, nervios pre-carrera.... son cosas que le agobian demasiado y me da a mi que no le gusta que nada le controle por lo que ésto hace que apenas "compita" 8/9 veces al año (las comillas están bien puestas, porque el verbo competir, cuando entrar 30-40-50 tíos/as delante tuyo, adquiere otro significado)
También es cierto, y ahí le doy la razón, que para competir por competir pues casi que es mejor salir a rodar por el parque, a la hora que quiera, por dónde quiera y cuánto quiera ya que es realmente es lo que parece que le gusta, o al menos esa es la conclusión que voy sacando a media que le voy conociendo.

Eran 10kms por las calles del pueblo por dónde él vive, bueno, vivimos. Una de sus determinaciones es correr todas las carreras que haya en su localidad. La semana anterior ya se le veía dando vueltas a la cabeza sobre como afrontar la carrera, se conoce el recorrido hasta la última grieta del asfalto y no puede dejar de repasarlo una y otra vez.
Era difícil acercarse a la marca del año pasado (su mejor marca en la distancia, por cierto), o al menos esa era su sensación por la menor intensidad de sus entrenamientos comparados con los del año pasado a estas alturas, pero como es una carrera local no es planteable el no presentarse en la linea de salida.

Domingo por la mañana, suena el despertador....

Monday, October 31, 2005

Mal empezamos la relación mi dueño y yo si el primer día que nos vamos a correr juntos es un día en el que está cayendo un chaparrón importante. Claro él se puede poner impermeable, gorro y todo lo que quiera, pero la que se lleva la peor parte soy yo. Pero nada, el tío mira por la ventana y además esboza una sonrisa, estoy empezando a pensar que tiene algo de sadismo y que es una especie de novatada.

Pues aparte de sádico, debe ser un poco tonto. Con la que está cayendo va y se pone pantalones cortos. Anda que no tendrá mallas en los armarios -reconozco que he estado cotilleando un poco- y tiene que elegir unos pantalones cortos. Él sabrá lo que hace.
Haciendo caso omiso de mis súplicas nos plantamos en la calle y hala... a correr. Por mucho esfuerzo que haga siempre acaba pisando un charco pero eso no es lo peor, ya que sólo se suele mojar la suela, lo malo es cuando pisa uno un poco más profundo y con la capa de agua que genera el pisotón me cala completamente en el otro pie. Pero el tío como si nada...
Llevamos más de media hora y lejos de parar de llover empieza a caer con insistencia... "date la vuelta que cuanto más te alejes más nos va a costar volver", pero nada...seguimos pisando charcos.

Más de 45', ya ha anochecido y no se oye un alma por la calle, yo ya me he resignado y me dedico a hacer mi trabajo lo mejor que me dejan las circunstancias, y es en ese momento, cuando sólo se oye el ruido que hago contra el suelo y el que hacen las gotas contra la cabeza pelada de mi dueño, cuando miro para arriba y le veo sonriendo, con la cara empapada feliz de sentir el agua fría en sus piernas y de que la lluvia siga cayendo incesante sobre él.

Finalmente poco más de una hora, 14-15kms... creo que empiezo a entender por qué corre mi dueño.

Mi dueño parece majo, pero de lo que es seguro es que no se gana la vida con esto de correr. Algo sospeché cuando me llevó a casa ya que no tenía el aspecto delgaducho, casi enfermizo, de muchos de los que, según cuentan por ahí, se ganan la vida con unas como nosotras en sus pies...

Según he ido indagando cotilleando en sus archivos personales creo que corre los diezmiles en algo más de 36 minutos y corre la media maratón en poco más de 1h20'. También he visto que va en bici, de hecho, en la habitación dónde vivo hay una muy bonita pero un poco melancólica porque creo que no se le hace mucho caso cuando llega el frío. Quizás sea cosa mía, pero creo que me mira con algo de celos, no sé, ya nos iremos conociendo con el tiempo.
Fue la bici la que me contó que también ha hecho algún duatlón... de hecho parece que el último no se le dió mal, obviamente no quedó entre los primeros (ya os digo que es majo pero no un portento), pero al parecer terminó muy satisfecho, y oye, para alguien que no se gana la vida con esto es más que suficiente.
Mi amiga con ruedas (yo es que cojo confianza muy pronto y por eso la llamo amiga) me cuenta, con tono triste, que en verano tuvieron un susto por una carretera y un coche que casi se los lleva por delante. Al parecer estuvo un tiempo sin montar a mi amiga y cuando volvió a hacerlo ya no fue igual...

Siguiendo con el curriculum de mi dueño, decir que apenas hay maratones y que el mejor de ellos es en 3h18'. Como zapatillas de correr fondo uno de nuestros anhelos es correr un maratón, los míticos 42km y 195 metros, pero al parecer mi dueño no se encuentra a gusto con esa distancia y las veces que lo ha intentado se ha lesionado. He de reconocer que me llevé una pequeña decepción cuando me enteré que no le gustaban los maratones, pero ayer me llevé una sorpresa cuando me enteré que quizás viajemos a Valencia el próximo mes de febrero para correr allí uno... ya os iré contando. Por ahora no me hago ilusiones ya que me dueño es bastante indeciso y un poco vaguete.

Mucho hemos mejorado las zapatillas de correr en estos últimos años, fijaos si hemos mejorado que somos capaces de incluso conectarnos a un ordenador y empezar a escribir eso que llaman un blog. Luego dirán que nuestro precio es desorbitado, pero echo un vistazo a los zapatos, camisas, pantalones y demás prendas de vestir que me rodean en el armario dónde vivo y ninguna de ellas es ni siquiera capaz de articular una triste palabra con lo que, modestia a parte, creo que valgo cada una de las monedas que mi dueño pagó por mi.

Si me permitís me voy a presentar: soy un par de zapatillas de correr y he tenido la suerte que mi dueño me compró para eso, para correr. Me explico. Entre nosotras, las zapatillas de correr, corren horribles historias sobre compañeras que han sido adquiridas para dar paseos por el parque los domingos, para ir al IKEA los fines de semana o incluso ¡para jugar al fútbol! imaginaos entonces la desazón que produce no poder disfrutar de la libertad que da desplazarse a toda velocidad por los caminos, carreteras, senderos para los que estamos diseñadas y en su lugar estar condenadas a vagar por los pasillos interminables de un hormiguero con nombre sueco o de ver como pasa todo lentamente en un banco de un parque durante los días de fiesta.

Pero yo tuve suerte. Fue una tarde de otoño. Un joven (a mi dueño le hace mucha ilusión que le llamen así aunque sabe que ya no lo es tanto, quizás sea por eso) se acercó a la estantería donde estamos expuestas. Primero una mirada general, luego otra dónde se encuentran las compañeras que son un poco más antigüas y, por lo tanto, más baratas. Tras un quejido amargo por no encontrar nada en el citado estante se dirigió a mi. Miró la etiqueta con el precio y no le gustó mucho lo que vió. Aún así empezó a examinarme de arriba a abajo. El dibujo de la suela, el corte, el peso -he de decir que este es un momento un poco incómodo para una zapatilla, pero desgraciadamente inevitable- Tras darse un par de carreritas por el pasillo, el hecho estaba claro... este joven al menos corre, no sé si mucho o poco pero corre.
Tras un par de miradas más...me llevó a la caja y en menos de media hora ya estábamos en nuestro nuevo hogar deseando salir a correr...