Monday, October 31, 2005

Mucho hemos mejorado las zapatillas de correr en estos últimos años, fijaos si hemos mejorado que somos capaces de incluso conectarnos a un ordenador y empezar a escribir eso que llaman un blog. Luego dirán que nuestro precio es desorbitado, pero echo un vistazo a los zapatos, camisas, pantalones y demás prendas de vestir que me rodean en el armario dónde vivo y ninguna de ellas es ni siquiera capaz de articular una triste palabra con lo que, modestia a parte, creo que valgo cada una de las monedas que mi dueño pagó por mi.

Si me permitís me voy a presentar: soy un par de zapatillas de correr y he tenido la suerte que mi dueño me compró para eso, para correr. Me explico. Entre nosotras, las zapatillas de correr, corren horribles historias sobre compañeras que han sido adquiridas para dar paseos por el parque los domingos, para ir al IKEA los fines de semana o incluso ¡para jugar al fútbol! imaginaos entonces la desazón que produce no poder disfrutar de la libertad que da desplazarse a toda velocidad por los caminos, carreteras, senderos para los que estamos diseñadas y en su lugar estar condenadas a vagar por los pasillos interminables de un hormiguero con nombre sueco o de ver como pasa todo lentamente en un banco de un parque durante los días de fiesta.

Pero yo tuve suerte. Fue una tarde de otoño. Un joven (a mi dueño le hace mucha ilusión que le llamen así aunque sabe que ya no lo es tanto, quizás sea por eso) se acercó a la estantería donde estamos expuestas. Primero una mirada general, luego otra dónde se encuentran las compañeras que son un poco más antigüas y, por lo tanto, más baratas. Tras un quejido amargo por no encontrar nada en el citado estante se dirigió a mi. Miró la etiqueta con el precio y no le gustó mucho lo que vió. Aún así empezó a examinarme de arriba a abajo. El dibujo de la suela, el corte, el peso -he de decir que este es un momento un poco incómodo para una zapatilla, pero desgraciadamente inevitable- Tras darse un par de carreritas por el pasillo, el hecho estaba claro... este joven al menos corre, no sé si mucho o poco pero corre.
Tras un par de miradas más...me llevó a la caja y en menos de media hora ya estábamos en nuestro nuevo hogar deseando salir a correr...

1 Comments:

Blogger Mary Morgan said...

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11:40 AM

 

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